Más que una lengua materna – transmite tu idioma jugando y con amor

familias entre culturas | 21. febrero 2026

Con motivo del Día Internacional de la Lengua Materna de la UNESCO, me gustaría compartir contigo lo qué significa para mi el lenguaje. Qué concepto de crianza multilingüe no dan sentido para mi. Cómo paso mis idiomas a mis hijos. Y por qué creo que necesitamos nuevas conceptos.

Mi lengua materna y mi “lengua paterna”

Crecí con una lengua materna y una «lengua paterna». Mi lengua materna es el español. Mi lengua paterna es el alemán.

¿Por qué las llamo así? Muy sencillo: mi madre es mexicana y mi padre alemán. Cada uno de mis padres me transmitió su idioma.

Ya desde niña se me hacía raro decir que tenía dos lenguas maternas. Llamar «lengua materna» a la lengua de mi padre me extrañaba. Sin embargo, en aquella época no me atrevía a crear propias palabras para conceptos caducados.

Hoy sé que los conceptos influyen en cómo nos entendemos a nosotros mismos. Y precisamente en el ámbito del multilingüismo hay muchos conceptos que rara vez cuestionamos.

One-Parent-One-Language… y por qué no fue mi camino

Un modelo muy conocido en la crianza multilingüe es el famoso «One-Parent-One-Language»: cada madre o padre habla exclusivamente un idioma con sus hijos. En mi caso, eso significaba que yo debía hablar únicamente español, ya que el idioma de mi esposo es el alemán.

Con mi primer hijo lo hice así. Como mamá primeriza y aún algo insegura, seguí la recomendación al pie de la letra. Siempre español con él, sin importar quién estuviera presente. Y si algo era importante para alguien más, yo lo traducía al alemán. Cuando mi hijo tenía unos tres o cuatro años se percató de que yo dominaba el alemán al igual que el español y desde allí el decidió hablarme en alemán.

Yo seguía con el español, pero cada vez sentía más que esa no era yo. Yo no soy “una persona – un idioma”. Soy “una persona – dos idiomas”. El alemán y el español ocupan el mismo lugar en mi corazón, siento y pienso en ambos idiomas. Disfruto de los dos.

Cada idioma tiene palabras, matices, gestos, formas de narrar, tonos que no existen igual en el otro. Y cuando cambio de idioma, cambia algo más en mí: mi ritmo, mi manera de expresarme, mi lenguaje corporal, mi forma de contar historias, de bromear, de reaccionar.

La comunicación no es solo vocabulario. Es vínculo. Por eso decidí hacer a un lado la exigencia lingüística y hablar con mis hijos en ambos idiomas.

Sabía que mis hijos desarrollarían el español más despacio. Vivimos en un entorno donde domina el alemán. Mis hijos hablan alemán entre ellos, con sus amigos, en el colegio, con mi marido, y en casa hablamos alemán cuando estamos todos juntos. Su entorno casi siempre los entiende en alemán, solo en algunas vacaciones, con familiares que no vemos tan seguido necesitan hablar español… y en esos momentos me sorprenden con todo lo que sí pueden hablar.

Con mi propio método me siento más a gusta y me parece más auténtico.

Las conversaciones en familia me han sido más importantes que un dominio perfecto del español

A medida que los niños crecían, me di cuenta de otra cosa. Si hubiera sido estricta con el español, muchas conversaciones en los momentos de familia tendrían que haberse traducido. Mis hijos tendrían que interrumpir sus historias para que su papá entendiera. Momentos espontáneos se habrían perdido. Risas cortadas. Fluidez interrumpida. Y son precisamente esos momentos espontáneos y llenos de vida los que unen a las familias.

No quería que el idioma nos separe. Quería que nos uniera. Por eso elegí la convivencia familiar por encima de un español fluido e impecable por parte de mis hijos. Valoro más los vínculos que la perfección en el idioma.

Y si, mi esposo ha aprendido algo de español y yo hago lo posible de hablar lo más que pueda en español por mis hijos, pero sin exigencia, si no por gozo y por disfrutar de una parte de mi identidad.

Mi vocecita crítica cuando me preguntan: “¿Y tus hijos hablan español?”

¡Cuantas veces he escuchado esa pregunta! Y cada vez que me la hacían, surgía mi crítica interior acompañada de una cierta inseguridad. ¿Lo estoy haciendo bien? ¿Debería ser más consecuente?

Hasta que escuché un episodio de podcast de la lingüista Dr. Bettina Gruber. Ella explicaba que cuando preguntamos si alguien “habla” un idioma, casi siempre pensamos solo en el vocabulario activo, olvidando que la comprensión pasiva es igual de importante. Y que, incluso en ese caso, se puede decir que se domina un idioma. ¡Qué alivio!

Porque mis hijos lo entienden todo: subtextos, gestos mexicanos, entonaciones, matices culturales. Incluso pueden leer en español.

Simplemente saben que conmigo también pueden hablar alemán.

Ensalada de idiomas en vez de perfección

Para mí siempre ha estado claro: el idioma debe ser divertido, sin forzarlo, sin presionar, sin ser un proyecto exigente.

Si cuido bien de mí misma y tengo suficiente energía, soy lo suficientemente creativa y se me ocurren juegos para que mis hijos hablen español. Pequeños juegos, mucha diversión, risas y alegría.

Nuestro juego más reciente se llama: ensalada de idiomas.

Se vale mezclar alemán y español en una misma frase. Sin interrupciones. Sin correcciones directas, solo repito la frase de forma natural. Sin perfección.

Y algo hermoso sucede: cuando desaparece la presión, aparecen más palabras en español. Poco a poco la proporción cambia. Cuanto más confianza les doy, más se sueltan. Y a veces, sin darme cuenta, me sorprenden con frases completas en español, así, de repente, en el día a día.

¡La diversión motiva más que la exigencia!

Más que palabras: lo que realmente transmitimos

Cuando transmito mis idiomas a mis hijos, no solo les transmito vocabulario y gramática. Les transmito historias. Raíces. Tradiciones. Rituales. Distintas formas de relacionarse. Transmito reglas culturales invisibles. Mis hijos aprenden a moverse entre diferentes códigos, a navegar entre mundos. Y eso fortalece su sensibilidad lingüística, su flexibilidad y su apertura.

Hacer a un lado la exigencia de la perfección no solo trae beneficios en los idiomas, sino también en el día a día de una madre. Si este tema te interesa, puedes leer mi artículo «Padres perfectos».

¿Necesitamos nuevas palabras para nuestros idiomas?

En inglés, por ejemplo, cada vez se usa más el término primary language, intentando ir más allá de la idea tradicional de “mother tongue”. En castellano en muchos contextos seguimos usando el término “lengua materna” sin cuestionarlo. En el ámbito académico a veces se habla de “lengua primera” o “L1”, pero en la vida cotidiana casi siempre decimos “lengua materna”. Y sin embargo, ese concepto viene de una época en la que la madre era vista como la principal encargada de transmitir el idioma y la cultura. Pero hoy en día las familias son mucho más diversas. La crianza se comparte. Existen familias reconstituidas, familias homoparentales, modelos distintos de cuidado. Los niños crecen con varias personas de referencia, varios idiomas, varios espacios culturales.

Pienso que es hora de crear nuevos conceptos. Conceptos que hablen más de vínculo que de rol. Más de pertenencia que de origen.

Y ahora siento curiosidad:

¿Cómo le dices tú al idioma que te hace sentir en casa: lengua materna, lengua del corazón, lengua de vínculo, lengua de herencia o algo completamente diferente?

¡Demos al lenguaje nombres tan flexibles como la forma en que lo vivimos!

Si gustas, cuéntame: ¿qué palabras y conceptos te parecen adecuados? Me encantará leerte.

Cada idioma cuenta

Hoy, en el Día Internacional de la Lengua Materna de la UNESCO, quiero animarte a que transmitas tu idioma a tus hijas y a tus hijos. No importa cuántas personas la hablen. No importa si a otros les gusta o no. Da igual si está de moda o no. No importa el dominio que tenga tu hijo o tu hija de tu lengua.

El idioma es mucho más que gramática. Es vinculo, recuerdo, identidad y pertenencia. Y se puede transmitir con alegría. Con juegos. Con historias. Desde el corazón.

No hay un único camino correcto de transmitir los idiomas a los niños. Pero si está tu camino.

¿Ya lo encontraste? Entonces compártelo con nosotros: Cuéntanos como pasas tus idiomas en casa.

¿Aún lo estás buscando? Entonces busquemos juntos. En una sesión en linea podemos descubrir qué camino es el adecuado para ti y tu familia.

El idioma es conexión y debe ser motivo de alegría.

¡Disfruta de tu(s) idioma(s) y transmítelo(s) con mucho amor!

Katrin Sihling

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Acerca de la autora

Alemana-mexicana con una trayectoria de vida entre culturas e idiomas. Coach y formadora intercultural certificada (Universidad de Jena).

Acompaña a niñas, niños, familias y personas adultas entre culturas a encontrar claridad, fortalecer vínculos y vivir la diversidad de forma consciente en su día a día.

Über die Autorin

Deutsch-Mexikanerin mit internationalem Lebensweg zwischen Kulturen und Sprachen. Zertifizierte interkulturelle Trainerin & Coach (Universität Jena).

Sie begleitet Kinder, Familien und Erwachsene zwischen Welten dabei, Orientierung zu finden, Beziehungen zu stärken und Vielfalt im Alltag bewusst zu gestalten.

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