Este artículo trata de cómo una palabra puede transformar lo que parecía ser un mal momento en una aventura y llevarte del miedo a la confianza, en plena montaña con visibilidad de tan solo unos metros.
Cuando todo empieza bien… y cambia en segundos
En las vacaciones de Semana Santa aprovechamos para pasar unos días en familia despidiendo el invierno en las montañas austriacas. Fue la primera vez que íbamos a esquiar como familia en estas fechas. Normalmente solíamos ir en febrero.
El primer día empezó nublado. Mis hijos tuvieron unas clases de snowboard en el valle y mi esposo y yo pudimos disfrutar de tiempo en pareja. Subiendo a lo alto de la montaña, esperábamos que en la cima no hubiera nubes para disfrutar del paisaje. Y por un momento, un pedacito de cielo azul se empezó a asomar. ¡Genial!
Felices, empezamos a esquiar, pero de pronto, aún en la primera bajada, las nubes se transformaron en neblina.
Cuando el miedo toma el control
En mi mente surgieron los siguientes pensamientos:
“Si hubiera chequeado bien el pronóstico, entonces ahora estaríamos disfrutando del spa en el hotel.”
“¡Y ahora estamos aquí, sin ver nada! Así no disfrutamos de nuestro tiempo en pareja!”
Algo en mí empezó a refunfuñar y el motor era el miedo.
Hace dos años tuve un accidente esquiando y me rompí uno de los ligamentos de una rodilla. No tengo molestias y todo sanó, pero la preocupación de lesionarme la rodilla al caerme por no ver nada se volvió miedo y enojo.
Además, yo soy la que en senderos difíciles guío el camino, ya que esquío mejor que mi marido. Esta responsabilidad también me hacía estar más tensa aún.
¡Vaya cóctel emocional para disfrutar del tiempo en pareja!
Una palabra que lo cambia todo
Yo, que he esquiado desde mi infancia y de adolescente participaba en carreras de esquí, tenía de pronto tanto miedo.
¿Cómo podía ser?
Mi marido estaba tranquilo y con muy buena actitud (aún) y me motivó a ver la situación como una aventura en pareja.
¡Ay caray! Justo la palabra que yo le propongo a mis hijos cuando la situación es desafiante o les surgen dudas e inseguridades: “Aventura”.
¡Qué bien que mi marido me lo recordó! Mi parte miedosa, insegura y molesta puso resistencia ante el cambio de perspectiva, pero yo me empecé a decir: “¡Es una aventura!”
Lo repetía en mi mente con cada giro que daban mis esquís.
De la tensión a la confianza
La simple palabra “AVENTURA” empezó a transformar mi inseguridad en seguridad y los recuerdos de mi adolescencia surgieron y me impulsaron a bajar con confianza.
El haber compartido con mi marido mis miedos e inseguridades, haber recibido un abrazo, un cambio de perspectiva y repetirnos juntos que estábamos viviendo una aventura juntos me ayudó a relajarme, a confiar y a transformar la situación de “peor vivencia de las vacaciones” a “historia que contar y recordarse con orgullo de haberlo logrado.”
Mientras más veces me repetía: “Es una aventura” más seguridad cobraba mi cuerpo. Hasta empecé a sonreír y a reírme de la situación, ¡pude disfrutar!
Otra cosa que me ayudó a cobrar mi confianza fue que en plena montaña me conecté con los elementos y conmigo – un ejercicio meditativo que hago por las mañanas – y puse la intención de encontrar el camino.
Cuando la vida se siente como esquiar en neblina
En la segunda bajada – esperando que la neblina fuera pasajera – la neblina estaba tan densa que yo no podía distinguir la pista del cielo.
¡No recuerdo haber esquiado jamás con neblina tan densa!
Curiosamente, la alegría de toparse con otros esquiadores era inmensa, como nunca – porque así todos sabíamos que aún nos encontrábamos en la pista y nos ayudaba ver qué camino tomaban los otros.
Mientras tanto, mi esposo era el que estaba algo inseguro y yo le fui regresando su seguridad. ¡Qué lindo poder hacer equipo!
Y allí en plena neblina me recordé que migrar, llegar a un nuevo lugar, empezar un nuevo trabajo, ser madre e irse enfrentando a las diferentes etapas de los hijos, a veces es como esquiar en neblina. Te surgen inseguridades, empiezas a molestarte con la situación, te fijas en qué es lo que hacen los demás, no tienes ni idea de por dónde va el camino y a veces hasta deseas no haber migrado, no haber tenido hijos, no haber empezado con este trabajo, etc.
No se trata de esquiar… se trata de los retos de la vida
Esto no va de esquiar en neblina, va de cómo navegar situaciones de dudas, inseguridades y miedo que forman parte de la vida.
Esto va de cómo una palabra clave nos ayuda a transformar una situación.
Transformamos nuestros pensamientos y con ello nuestras emociones – después de haberlas validado.
Lo que realmente hace la diferencia
Si compartimos nuestras emociones en familia, escuchamos, validamos y nos atrevemos a soltar, creamos equipo y transformamos así paso a paso nuestra vida.
Si quieres que te acompañe en sesiones individuales a transformar tu vida en una aventura llena de alegría, armonía y confianza en ti misma o mismo, escríbeme para ver cuál es el mejor camino para ti.
